sábado, 4 de diciembre de 2010

sarah bettany

Sola, miraba con cariño a su pequeña hija jugar, mientras se preguntaba si hubiera podido ser de otra manera ¿Y la familia feliz que había soñado tanto? Aquel monoambiente alquilado que no permitía mascotas ni un rayo de sol en las mañanas, no se parecía en lo más mínimo a aquella casa gigante con el cachorro siberiano ladrando en el jardín floreciente, que la realidad le arrebató.
Con cuidado, acostó a la niña durmiente en su cama y salió al pasillo del edificio a fumar, a fumarse toda esa frustración que no la dejaba ser ¿Cómo es que había llegado allí? Si lo único que se esperaba de ella era éxito, un futuro brillante que se fundió en una niebla densa y catástrofica, que unos años atras hubiera sido impredecible.
En tan solo nueve meses, el palacio se derrumbó y el principe encantador, brilló por su ausencia.
El shock inicial, el destierro familiar, la desaparición del cómplice, la perdida de todo parametro conocido, el odio incontenible, los intentos de escapar, los vicios y la rabia; todo aquello había desaparecido cuando tuvo a Andy en sus manos.
Hoy, tan solo le quedaban arrepentimientos que, de vez en cuando, obnubilaban su perspectiva maternal. Sabia que su cable a tierra algún día se desconectaría, su hija crecería; entonces cualquier relación que hasta entonces habia guardado con aquel mundo insipiente, por fin habría acabado.



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