martes, 12 de octubre de 2010

meeting

El martes a la noche nos sentamos los tres a hablar. Sin más preámbulos él sacó el tema, después de tantos años ya habíamos dejado las formalidades atrás y siempre íbamos directo a la cuestión. Me miró fijamente, descubriendo con veracidad cada uno de mis sentimientos respecto a lo que estaba a punto de decir. Lo conocía demasiado y el discurso que estaba por dar, me lo sabía de principio a fin, palabras concisas para expresar ese pensamiento al que tanto rehuía. Supo de inmediato que cualquier cosa que tuviera para decir no tendría otro efecto que poner en palabras lo que era una idea que se venía proyectando hacía unas semanas en nuestra sociedad. No buscaba una solución sino más bien aclarar el panorama para ver en dónde nos ubicábamos y si por alguna de esas razones me convencía de buscar una salida, estaba dispuesto a ofrecer diferentes alternativas.
Mirándome a los ojos fijamente, me preguntó con la severidad de un padre y a la vez, la preocupación de una madre: -¿De verás lo crees posible? Debo confesar que al principio me precipité y acabé por comprar aquella idea de que con el tiempo lo conseguirías, pero ha pasado un tiempo y aquella idea se desvaneció como lo que era; una ilusión. Hoy más que nunca, parece que ese proyecto ha tomado una dirección muy distinta a la que estabas dispuesta a seguir… Y presumo que hagas lo que hagas no lograrás encaminarlo, sería como intentar poner un barco a navegar en los rieles del tren. Claro, yo no puedo decidir si verdaderamente este es el rumbo que quieres tomar, pero debes saber que esta empresa es arriesgada y pones mi vida en peligro-.
Probablemente tenía razón, pero luego aquella que siempre había sido de las que no se contienen, le contestó bastante contrariada por lo que acababa de oír, y como siempre en esa manera tan particular y yo diría egocéntrica que tiene de expresarse: -Siempre tan cobarde, ¿Después de tantos años lo único que has retenido de tanta experiencia es el miedo a hacer lo único que reconozco haces tan bien? Me asombra tu estupidez y tanta cautela al aconsejar semejante barbaridad ¿Echarse atrás? ¡¿Ahora?! Imposible. Parece que hablas solo por egoísmo ¿Olvidas que se trata de ella y no de ti?- Se detuvo al ver las múltiples cicatrices del anciano, pude ver en los ojos soberbios de aquella engreída algo de arrepentimiento, reconocía la antigüedad del hombre allí presente, reconoció que se estaba equivocando… Inmediatamente cambió su monólogo y no pudo seguir hablándole, por vergüenza creo yo, me miró a mí: -A lo que me refiero es que siempre hay riesgos en los emprendimientos, es muy factible que el tiempo se te este agotando y debemos establecer un plazo. Digamos, un mes- No me lo preguntó, simplemente lo decidió por los tres. –En fin, de todos modos, ya lo sabíamos, no te afectará otra mentira si estas dispuesta a aceptarla como tal. Ya lo hiciste una vez ¿Por qué no dos? Y a pesar de lo que dice el viejo, sé que está dispuesto a seguirte la corriente una vez más ¿Sabes? Este escenario lo armaron ustedes dos, con esas ideas revolucionarias de que algo iba a resultar diferente- Se levantó de su silla, nos sonrió irónica y se fue sin despedirse, presentí que la volveríamos a ver pronto. Aquella mujer, siempre lograba hacerme pensar y me recordaba lo mucho que la odiaba. Algo en su manera de hablar, parecía tan convencida de lo que decía que casi conseguía hacerme pensar lo mismo… Él se levantó de su silla, como derrotado… Cada vez que esa perra hablaba, nos dejaba sin aliento. Se me acercó y lo abracé como de costumbre, tal vez disculpándome por lo que nos hacía vivir.





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