Aquella noche lo único más insoportable que el cansancio, paradojicamente, eran aquellos pensamientos que no la dejaban dormir. El reloj marcaba treinta y seis minutos pasada la medianoche. Subió la persiana para encontrarse con un firmamento monótono y nada cautivador, inútil para servir de distracción, más aún con aquel perturbador silencio funerario que reinaba en tanta oscuridad... Una vez más se encontro sola con aquellas ideas tan impropias que no dejaban de circular por su cabeza como un eco reflexivo. Increiblemente, había caído en la trampa que se había tendido a si misma, sintió un orgullo reconfortante al examinar el despliegue de trabajo impecable... Quizás demasiado, tan solo necesitaba convencerse de que aquel plan autogestionado había dado resultado. Lo sabía, lo sentía pero ¿Lo creía? Sintió la necesidad de felicitar a aquel complice inconciente inesperado. Sonrió maliciosa y volvió a acostarse...
"Si tan solo supieras..." pensó.
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